viernes, 13 de marzo de 2015

Poder Freak, la mercancía de la contracultura

Poder Freak

Por su temática, este blog suele tratar la música que se parió durante los años de la contracultura norteamericana, aquella que tuvo su cénit en la década de los sesenta. Es, por eso, que no está de más recomendar en este espacio musical el segundo volumen de Poder Freak, el segundo libro de una trilogía firmada por el crítico Jaime Gonzalo que recorre, retrata y analiza las diferentes manifestaciones contraculturales que brotaron en la segunda mitad del s. XX, sus porqués, sus conexiones y su devenir en las sociedades que las acogieron.

A decir verdad, no existe en España ni en toda la prensa especializada europea un proyecto tan ambicioso como el que acomete Jaime Gonzalo, fundador y actual consejero editorial de la revista Ruta 66 y una firma habitual desde finales de los setenta en publicaciones musicales nacionales como Star, Disco Exprés, Vibraciones y Rock Espezial: escribir una crónica de la contracultura del siglo XX, ese conjunto de movimientos hedonistas y librepensadores, al margen del oficialismo, protagonizados por las artes, especialmente por la música popular en Estados Unidos y Reino Unido, y surgidos de las raíces políticas y sociales que planteaban el anarquismo, el socialismo o el pacifismo en Occidente.

Contracultura que tiene como motor el deseo humano por mejorar o huir de la existencia monótona y obedece, según Gonzalo en el primer volumen de una trilogía a la que le falta por publicarse el tercer tomo, a “un desplazamiento de gustos y un cambio de valores sociales, a la creación de una nueva pauta de consumo; en definitiva, a esa perpetua alteración biológica por la que el hijo se ve empujado a matar al padre, lo nuevo a sepultar lo antiguo”. Es la premisa básica del autor de Poder Freak: la contracultura terminará por ser otro instrumento más de consumo, como ya lo era la cultura de las elites, aunque por el camino hizo avanzar el mundo sepultando, sobre todo a partir de la segunda mitad de siglo, el inmovilismo conservador moral y dejando “fogonazos ornamentales, pósteres donde se congelaba una época, sin explicarla ni razonarla pese a su poderosa simbología”, que sirvieron de catalizadores contestarios, detonantes sociales o agrupadores espirituales en determinados momentos.

En este segundo volumen, estos fogonazos se recogen tanto en Europa como en Estados Unidos, dando pie a crear un tratado aún más completo y denso en datos, anécdotas y hechos. A diferencia de la primera parte de esta crónica contracultural, donde Gonzalo exploraba las conexiones, causas y consecuencias de los hipsters y el be-bop en el jazz, los greasers norteamericanos en el rock’n’roll, los Ángeles del Infierno o los enfrentamientos entre rockers y mods británicos, laten mucho más los aspectos sociales, políticos y filosóficos de la cultura a contracorriente. La música, la disciplina por la que más se reconoce al mismo autor que ha escrito la fabulosa biografía de The Stooges Combustión Espontánea, está presente pero aparece más de refilón o queda en un segundo plano.

Magistrales son los capítulos, por enfoque y resonancia histórica, dedicados a la rabia afroamericana en su lucha por los derechos civiles, con el análisis ideológico de los Panteras Negras y Malcolm X, el del folk estadounidense o el del rock chicano. Fiel a su pluma incisiva, Gonzalo rompe con todos los lugares comunes y despoja de romanticismo al movimiento hippie o la moda folk nacida en Greenwich Village (“una pose, una postura, una manera de ser éticamente sumergible sin desprenderse del salvavidas”). También echa abajo a iconos y mitos de la nación norteamericana como John F. Kennedy (“Alimentó también la cultura de la guerra fría, monológica y asustada”) o Martin Luther King Jr. (“la inutilidad de aquel pusilánime impulso ghandiano-cristiano de Luther King y demás líderes moderados que, precavidos frente al nacionalismo, confiaban en granjearse el amor y la aceptación de los racistas”).

Pero, en otros episodios históricos como el de las revueltas estudiantes de finales de los sesenta o el de la filosofía de los diggers californianos, se echa de menos su característica fuerza narrativa, aquella a la que tiene acostumbrados a los lectores de Ruta 66 desde los ochenta. La erudición es más académica que mordaz y se pierde impacto. El golpe no descuadra tanto como en sus artículos musicales. Con todo, su discurso nunca pierde solidez para explicar con todo tipo de referencias sociales e intelectuales, buceando hasta las teorías de los filósofos Marshall McLuhan, Antonio Gramsci o Herbert Marcuse, que la conocida y publicitada revolución contracultural es realmente mercancía. Un libro imprescindible.

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